Otra tarde más aproveché un par de horas libres para acercarme a unas de las lagunillas que estando a escasos kilómetros de la gran urbe, pasan inadvertidas para la gran mayoría de de sus habitantes. Pequeños oasis de vida salvaje, muchas veces con los rascacielos y atascos como telón de fondo.
A los pocos minutos de caminata, el aire había transformado el rugir de los motores por los aleteos de las anátidas. Cucharas, cormoranes, somormujos, fochas y cercetas se escondían en cada meandro del pequeño riachuelo.
![]() |
| Cuchara planeando |
![]() |
| Somormujo y cucharas |
A la media hora de pateo, me pare en una esquina de la laguna. Semioculto entre los matorrales, pude disfrutar desde muy cerca de las anátidas. Cuando el silencio parecía que se había adueñado del paraje, un estruendoso trompeteo rompió la calma. En el cielo, decenas de grullas intentaban aclarar su rumbo. Primero dibujaban una V casi perfecta en el cielo, enfilando el norte. Súbitamente algunos ejemplares, no conformes con la ruta marcada, rompían la formación, y tras tres o cuatro círculos, apuntaban sus picos hacia el oeste.
![]() |
| Grullas migrando |
Mientras, un ratonero aparecía de entre los pinares de los cantiles, y planeaba majestuoso bajos las grullas, emitiendo sus maullidos característicos. A lo lejos, el halcón peregrino lanzaba con poco éxito un par de picados hacia unas palomas aparentemente despistadas.














No hay comentarios:
Publicar un comentario