sábado, 8 de septiembre de 2012

Sierra del Oeste (Madrid). Septiembre, 2012

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D y una Olympus SP800-UZ.

Nos encontrábamos en las postrimerías de un verano en el cual algunos de nuestros montes faboritos habían sido gravemente marcados a fuego, y por fin había llegado el día de comprobar con nuestros propios ojos los efectos de los cercanos incendios.

Comenzamos la marcha a media tarde con un sol brillante pero muy suave, señal inequívoca del final del verano. El paraje estaba excesivamente tranquilo, sin rastros de vida humana ni animal. El movimiento del río que íbamos dejando valle abajo no era mayor. Un verano sin apenas lluvias había convertido el alegre torrente primaveral en un sinfín de charcos dispersos.
Paisaje soleado al inicio de la marcha
Posadero "marcado"

Cauce del río tras el seco verano

A mitad de la primera subida, la vida en el bosque, o más bien en los cielos, se animó. Primero fue el pequeño cernícalo quien hizo una breve aparición, pero rápidamente se ocultó entre las espesas copas de los pinos. Acto seguido una pareja de buitres negros tiñó de oscuro el azulado cielo. Después de realizar algunos círculos sobre nuestras cabezas, se perdieron tras una loma. Unos minutos después, justo cuando encarábamos la última rampa del ascenso, nos sorprendió el imparable planeo de otro buitre negro, que nos sobrevoló muy cerca.

Buitre negro
Buitre negro

Tras finalizar el ascenso, entramos en un terreno más llano, en el que los pinos nos protegían del cada vez más escaso sol. Las nubes comenzaban a formarse en las montañas cercanas. Por fortuna fuimos sólo testigos en la lejanía de la tormenta que descargaba con fuerza en la vecina montaña. En las pocas zonas despejadas se podía ver algunos buitres leonados, planeando a gran altura.

Sendero entre pinares
Nido artificial

Buitre leonado

Inicio de la tormenta
Tormenta veraniega

El sol se ocultaba entre las nubes, pero ya también tras el horizonte, con lo tocaba iniciar la retirada a paso ligero, ya que además la tormenta nos acechaba. No fue del todo improductiva la vuelta, ya que si bien la real no salió esta vez a nuestro encuentro, pudimos disfrutar de los rápidos vuelos entre las grises nubes del ágil alcotán, primo pequeño del halcón peregrino.

Oteando la serranía
Alcotán volando en la tormenta
Formación de nubes
Tormenta descargando
Efectos de una tormenta

Afortunadamente la tormenta giró hacia otro valle, con lo que tanto los buitres negros como nosotros pudimos regresar a casa sanos, salvos y secos. El río tendrá que esperar, al menos unas semanas más, a la llegada de las lluvias del otoño, para transformar sus charcos en un cauce rebosante.

Tormenta amainando
Río prácticamente seco
Atardecer en la Sierra Oeste
De vuelta a casa
  
Buitre negro


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