sábado, 1 de septiembre de 2012

Hoces del Duratón (Segovia). Septiembre 2012

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.

Ya habíamos superado los días más calurosos del año, esos que aconsejan sombrilla, chapuzón y chiringuito. Por otro lado, nuestro monte y sus moradores ya habían disfrutado de su merecida tregua de domingueros y demás visitantes.

Olvidando el lamentable incendio en la Sierra Oeste, una de nuestras zonas predilectas, el panorama se presentaba inmejorable para otra nueva escapada. Y nada mejor para empezar el nuevo curso que visitar uno de los lugares que lleva aparejado algunas de mis primeras reminiscencias como "pajarero", las Hoces del río Duratón.

Siguiendo los pasos de aquellos años, llegamos poco antes del atardecer a Villaseca, desde donde tomamos un camino de tierra que terminaba en la semiderruída ermita de San Frutos, que corona el cañón. En sus alrededores disfrutamos del planeo incesante de numerosos buitres leonados y de algunos alimoches, mientras cientos de metros más abajo serpenteaban las aguas del río Duratón.

Buitre leonado

Pareja de alimoches
Alimoche
Presa de Burgomillodo en el Duratón

Buitre leonado

Cuando el sol comenzó a ocultarse en el horizonte nos retiramos entre las sabinas del páramo, a esperar otro nuevo amanecer en tierras segovianas. Nunca nos dejará indiferentes este lugar tan impresionante, en el que se puede disfrutar a la vez de las riquezas de nuestra cultura, geología y naturaleza, de nuestras ermitas, hoces y aves.

Ermita de San Frutos sobre las hoces
Páramo entre San Frutos y Villaseca

La mañana siguiente amaneció fresca, casi fría, pero el radiante sol se impuso conforme avanzó la mañana, elevando el mercurio hasta una temperatura más que agradable. Decidimos aprovechar la primera parte de la mañana para hacer la ruta al Embalse de Vencías, que discurre a orillas del río Duratón, cerca de la villa de Fuentidueña.

Cultivos en la vega del Duratón

Ruta junto al Duratón desde Fuentidueña

Desde el inicio de la ruta, junto a las últimas casas de Fuentidueña, ya se intuían las siluetas de los buitres leonados en lo alto de los acantilados. La ruta dejaba a nuestra izquierda un río Duratón que fluía alegre, a pesar de haber sido un agosto seco. En sus aguas flotaban cientos de zapateros, observados por los coloridos mosquiteros y otras aves, que se dejaban más oir que ver.
  
Buitre leonado

Río Duratón cerca de Fuentidueña

Zapateros en el río

Mosquitero en una rama junto al Duratón

A medida que fuimos avanzando, los buitres que aguardaban pacientes en los riscos que se elevaban a nuestra derecha, se fueron lanzando al vacío, como si alguien hubiera diera la señal de despegue. A los pocos minutos decenas de buitres dibujaban círculos en el cielo azul.

Buitre leonado


Buitre leonado

Buitre leonado
Buitre leonado
Buitres leonados sobre el Duratón

Discurrió nuestra caminata por un estrecho pero cómodo sendero encajonado por desnudos roquedos a un lado, y por una abundante vegetación de ribera al otro. Observar las zarzamoras que crecían a orillas del río nos abrió el apetito, así que decidimos dar por finalizada la excursión y acudir a la cita con mesa y mantel que nos esperaba, en la cercana localidad de Cuevas de Provanco.

Flora a orillas del Duratón

Zarzamoras junto al Duratón

La vega del río Duraton y sus afluentes es muy rica en vida, como bien quedó a lo largo de toda la jornada. Algunos representantes de la fauna local, numerosas y perturbadoras avispas acompañaron cada uno de nuestros bocados, y no me extraña. Cualquiera se pierde el banquete que disfrutamos. Afortunadamente no hubo que lamentar excesivas víctimas por ninguna de las partes, avispas ni humanos.

No pondremos la mano en el fuego para asegurar lo mismo del día siguiente: desde el cielo unos vecinos, unos aliados, los halcones abejeros, observaban con mirada golosa el revoloteo de las avispas, uno de sus platos favoritos. Pero esa ya es otra historia.

Halcón abejero
Halcón abejero

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