NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.
El día amaneció espléndido, con un sol resplandeciente que contrastaba con la oscuridad de los dos días anteriores, en los que las lluvias habían sido casi continuas. A pesar de la cantidad de agua caída, el sendero tan sólo presentaba algunos charcos dispersos. Los campos estaban extremadamente secos, tras varios meses sin lluvias, y habían absorbido rápidamente el ansiado líquido. Cuando comenzamos la marcha la niebla se comenzaba a levantar, perezosa en el horizonte. El sol ya había ganado bastante altura y la claridad y temperatura del día era inmejorable.
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| Niebla levantándose en la Cuenca Alta del Manzanares |
En el primer tramo nos cruzamos con algunos ciclistas, más madrugadores que nosotros. Sus pedaladas y animadas charlas era lo único que se escuchaba en el ambiente. A los pocos minutos, el cielo raso comenzó a "mancharse" con pequeñas motas oscuras, las siluetas de los enormes buitres negros, algunos de ellos a muy baja altura.
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| Buitre negro |
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| Restos de las tormentas en el camino |
Según fuimos avanzando, el sonido de los ciclistas del ambiente se fue entremezclando con algún lejano bramido de los ciervos, ya en los últimos días de su berrea. Además de los buitres negros, algunas ciervas, gamos y pajarillos animaban nuestro caminar.
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| Cierva en la dehesa |
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| Gamo entre las encinas |
Al inicio de una pronunciada bajada, se sumó al sonido ambiente un "ladrido" que Bow enseguida identificó. Se trataba de la llamada de nuestra rapaz más emblemática, el águila imperial. Oteamos el horizonte, confiando en descubrir sus blancas hombreras sobre alguna encina o sobrevolando las dehesas. No fue así, y aunque seguíamos escuchando a la gran águila, no se la veía por ninguna parte. Fue una cierva la que con su estado de alerta nos hacía sospechar la cercanía de la imperial.
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| Cierva alertada por la presencia de la imperial |
La aguda vista de Bow descubrió una gran rapaz caminando entre las lejanas encinas. En cuanto el sol iluminó sus blancos hombros descubrimos que era la imperial que buscábamos. Tras un rato observándola, nuestra sorpresa se multiplicó, pues a apenas unos metros se erguía imponente, sobre una torreta eléctrica, la pareja de la imperial.
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
Mientras disfrutábamos de los movimientos de las imperiales, un azor se sumó a la escena. Tras un par planeos sobre nuestras cabezas, deapareció tras una loma.
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| Azor |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
Al poco tiempo varios buitres negros y alguno leonado comenzacon a sobrevolar nuestras cabezas. Durante casi toda la jornada nuestros pasos fueron vigilados por alguno de estos gigantes alados.
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| Buitre negro |
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| Buitre negro |
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| Pareja de buitres negros |
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| Buitre negro |
Cuando el número de buitres en el cielo comenzó a aumentar, las dos águilas se pusieron nerviosas y alzaron el vuelo. Duante un buen rato su planeo se mezcló con el de los buitres; incluso alguno se llegó a llevar un picotazo de las imperiales, molestas por la invasión de su territorio.

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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica |
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| Águila imperial ibérica y buitre leonado |
Algunos buitres más surcaron nuestras con un vuelo veloz, directo la espesura de unas encinas lejanas, donde seguramente quedaran algunos restos de algún animal muerto. Era impresionante el zumbido que provocaban estas grandes rapaces cuando cortaban el viento.
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| Buitre negro |
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| Buitre negro |
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| Vaca pastando |
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| Buitre leonado aterrizando entre las encinas |
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| Vuelo de buitre leonado hacia el almuerzo |
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| Buitre leonado |
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| Gorrión sobre las tejas |
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| Buitre leonado |
Transcurrió gran parte de nuestra mañana en ese oteadero improvisado, en la base de una loma, desde el que disfrutamos de algunas de nuestras más preciadas joyas aladas. Llegado el momento de volver a casa, reemprendimos la marcha, con menos fuerzas que al inicio, pero con muchos más recuerdos imborrables. La vida en los cielos seguía transcurriendo.
Una hora después, cuando ya estábamos cerca del coche, buitres e imperiales seguían en el cielo observándonos con curiosidad. Esperemos que el próximo día estén también ahí para saludarnos.
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| Formación de nubes |
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| Cardo borriquero seco |