lunes, 8 de agosto de 2011

Vuelo Londres - Nairobi. Agosto, 2011

Hay oportunidades únicas en la vida, en las que uno tiene que decidirse sin tiempo a la reflexión. Y así sucedió con esta aventura, pues sólo unos minutos después de que mis amigos residentes en Kenia dieran luz verde a mi visita, ya tenía cita para vacunas y visado. Me aprovisioné de productos ibéricos para los generosos huéspedes, amén de antimosquitos y malarone, cortesía de Isma. Antes de darme cuenta ya estaba montado en un avión rumbo a Nairobi, vía Londres.
Ruta de vuelo: Reino Unido - Francia - Italia - Libia - Sudán - Sur Sudán - Kenia

El viaje fue diurno, salvo en la parte final, lo que me permitió disfrutar de los grandes contrastes de nuestro planeta: humedales británicos, montañosas islas del mediterráneo italiano y el infinito desierto del Sahara. Fue una pena que una tormenta de arena y la caída del sol no me dejaran disfrutar del desierto sudanés y la entrada en Kenia.

Alrededores de Heathrow (Reino Unido)
Islas italianas del Mediterráneo
Entrada al Sahara (Libia) desde el Mediterráneo 
Paisaje del desierto del Sahara (Libia)

El vuelo fue perfecto, pero la salida de la terminal no tanto. Primero una cola caótica en el control de pasaportes y, cuando toda dificultad parecía superada, llegó una gran desgracia: la maleta no aparecía, adiós a la morcilla, al jamón y a la fabada.

La sala de cintas transportadoras estaba casi vacía, lo cual era previsible, dado que eran las 23:00h y había anochecido hacía más de cuatro horas en una ciudad que con poca luz no es nada recomendable. Los únicos movimientos en la sala eran el cansino giro de las maletas sobre las cintas y el revoloteo de los mosquitos sobre los montones de maletas sin dueño.
Mucho más raudo que los mosquitos voló hacia mí un joven autóctono, trabajador del aeropuerto, que con infinita amabilidad me ayudó a poner una reclamación por la maleta perdida. Fue un alivio su presencia, aunque no desinteresada del todo, pues no tardó cinco segundos en pedir una propinilla.

El resumen de mi tránsito por el aeropuerto es que habría que volver al día siguiente para ver si había más suerte y aparecía la maleta.

Al salir del Jomo Kenyatta me esperaba paciente Gary con su 4x4. Nada más salir a la calle noté en la atmósfera unos aromas que no había respirado nunca: empezaba a sentir la naturaleza de África.

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