NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo Nikkor 70-300 mm f/4,5-5,6D y una Olympus SP800-UZ.
El primer objetivo del día fue recuperar la maleta perdida en el vuelo. Nos llevó una hora y pico atravesar la ciudad, que presentaba un tráfico caótico y donde abundaban bocinazos y volantazos. Ajenos al lío sobre el asfalto, los marabúes observaban la escena posados en las copas de las acacias. El paso por el aeropuerto fue plenamente exitoso: maleta conseguida en apenas veinte minutos. Y ya se sabe que lo bueno, si breve, dos veces bueno.
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| Marabúes "disfrutando" del atasco de Nairobi |
Dado que ya era cerca de mediodía, nos decantarnos por hacer ir al cercano Parque Nacional de Nairobi, a las afueras de la ciudad, equivalente al Monte de El Pardo en Madrid.
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| Ruta U.S.I.U. - P.N. Naiobi: 28 km; 43 min. (Google Maps) |
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Vista de satélite del P.N. Nairobi (Google Maps)
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Accedimos al Parque por su acceso principal, Langate Road. El ajetreo en taquillas y alrededores era monumental. Varias visitas escolares daban un colorido especial al día gris. Entramos al recinto por una puerta que recordaba a la de Jurassic Park. Sin embargo esperábamos cambiar diplodocus por jirafas y velociraptores por leones.
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| Colegiales de visita al P.N. Nairobi |
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| Entrada al P.N. de Nairobi |
El Parque está vallado en su mayor parte, escepto por la parte más lejana a la ciudad, por la que entran y salen las especies a su antojo. Lo primero que nos encontramos fue un pequeño bosque y enseguida una zona de altos matorrales, que impedían ver qué se escondía más allá de ellos. Superada la zona de espesas y altas hierbas, llegamos a una extensa pradera que llegaba a los mismos límites de la ciudad. Algunas manchas oscuras salpicaban la llanura. A medida que avanzábamos por el camino de tierra se iban convirtiendo en cebras, ñúes, gacelas y antílopes. También aparecían, como surgidos de la nada, búfalos, elands, avestruces. Era impresionante la cantidad de vida salvaje que existía a escasos kilómetros de los rascacielos del centro de Nairobi.
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| Cebras pastando en la inmensidad de la pradera |
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| Búfalo ocultándose entre los matorrales |
Una de las escenas más impresionantes de la jornada fue el acecho de una leona a unas gacelas cercanas. Pero tan pronto como fue descubierta decidió tenderse sobre el camino y esperar mejor ocasión. La caída del sol sería su mejor aliada para sorprender más fácilmente a alguna presa. Chocaba la presencia en la misma escena de la leona y unos edificios de viviendas.
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| Gacela inmóvil ante la presencia de una leona |
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| Leona camuflada en la espesura del matorral |
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| Leona acechando a unas gacelas cercanas |
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| Leona con edificios de la ciudad de Nairobi al fondo |
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| Cebra inquieta |
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| Leona descansando en el camino |
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| Elands vigilantes ante una leona |
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| Leona impasible a nuestro paso |
Dejando atrás nuestra primera leona keniata, pusimos rumbo hacia la parte sureste del Parque. Al poco de reiniciar la marcha descubrimos en la lejanía una familia de rinocerontes negros, que pastaba a orillas de uno de los riachuelos existentes. Más de cerca se dejaron fotografiar las jirafas y avestruces.
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| Rinoceronte negro entre las altas hierbas |
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| Jirafa "desfilando" por el sendero |
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| "Oasis" en la sabana |
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| Avestruces entre la maleza |
Atravesamos una zona especialmente incómoda, plagada de pequeños baches, ya cerca del Acantilado del Leopardo. Allí aprovechamos para bajar a estirar un poco las piernas y disfrutar de las vistas. Al otro lado del acantilado se encontraba un castillo de piedra.
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| Ímpala estudiándonos |
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| Jirafa corriendo entre hierbas y acacias |
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| Castillo en el acantilado del Leopardo |
Se acercaba la hora de la puesta del sol y del cierre del parque. Una leona, unos rinocerontes y unos búfalos, tres de los cinco grandes de África en un solo día. Volvimos a casa con la plena sensación de haber sido protagonistas de uno de esos documentales que llenan las siestas de nuestros hogares.
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