martes, 9 de agosto de 2011

Lago de Naivasha (Kenia). Agosto, 2011

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo Nikkor 70-300 mm f/4,5-5,6D y una Olympus SP800-UZ.


El primer amanecer en Kenia tuvo lugar en el apartamento de Nata y Gary situado en el campus. Era un edificio de dos plantas, que contenía por lo menos cuatro apartamentos. En los terrenos que daban entrada al edificio estaban los tendederos, campos de deporte y demás instalaciones de la Universidad. Los milanos sobrevolaban los matorrales y los marabúes se dejaban oir más que ver. Tras dar cuenta del desayuno, decidimos ir hacia el Lago Naivasha, situado a unas dos horas al noroeste.

Ruta Nairobi - Lago Naivasha: 120 km; 1h 40 min. (Google Maps)
Imagen de satélite del Lago Naivasha (Google Maps)

Diego pisó el acelerador del Mitsubishi rumbo a nuestro destino, orientándose con una habilidad asombrosa en una carretera tan repleta de baches como ausente de carteles. Merecía la pena ir con los ojos bien abiertos, ya que cada kilómetro del camino aportaba alguna novedad al visitante occidental. En pocos minutos pasamos de los barrios ricos de la ciudad, a un camino atestado de agujeros que nos llevaría al emblemático valle del Rift. Los extensos cultivos de café y las pequeñas aldeas fueron quedando a nuestro paso, mientras los vendedores ambulantes y motoristas observaban nuestro paso desde los arcenes de tierra arcillosa. Los matatus avanzaban junto a nosotros sobre el asfalto, realizando paradas imprevistas, previo volantazo y frenazo. Las acacias, más sosegadas, cubrían el horizonte. Cada recodo del camino escondía la interrogante de qué sorpresa nos encontraríamos al otro lado.
Monos vervet junto al Mitsubishi Pajero IO
Obras en el barrio de Karura Forest (Nairobi)
Transporte de carga junto al campus de la U.S.I.U. (Nairobi)
Thika Road (Nairobi)
Cultivos de café, al norte de Nairobi
Campos a pocos minutos de Nairobi
Niños saludando el paso de los "mzungu" (hombre blanco)
Vista del valle del Rift
Venta de pieles junto a la carretera (2.000 m)
Típicas acacias africanas junto a la menos típica línea eléctrica

La seguridad en carretera en Kenia

Tras dos horas de camino, traducible a cientos de botes sobre el asiento, llegamos a la zona del lago Naivasha. Para acceder al propio lago, decidimos entrar a uno de los lodges (hoteles con "jardín") que se ubica en sus orillas.

Por lo que pude ver, en Kenia no existen grandes vallados ni en hoteles ni en parques naturales, con el objetivo de permitir el ir y venir de la fauna silvestre. Esto significa que un día puedes degustar tu desayuno en el jardín del lodge observando al diminuto dic-dic, y mañana estar en su lugar aparecer la altísima jirafa.

Hotel Sopa Lodge Naivasha
Cabañas en el bosque del Sopa Lodge Naivasha

Cuando puse el pie en tierra firme, y atravesé el "jardín" del lodge sentí algo de intranquilidad. Era la primera vez que estaba mano a mano con la fauna salvaje africana. Leer los carteles de "cuidado con los búfalos" no me tranquilizó precisamente. Para mi tranquilidad, los nativos suelen tener bastante controladas las especies peligrosas que pudiera haber como búfalos, hipopótamos, elefantes o los grandes felinos.

Deambulando entre las cabañas vimos algunas aves como pintadas y marabúes, y varios herbívoros, como antílopes de agua, dic-dic y jirafas. Al final del sendero, junto al embarcadero, estaban los martines pescadores, tántalos, pelicanos y cormoranes acechando a los peces del lago. Los hipopótamos estaban en el agua, aguardando la caída del sol para salir a pastar a tierra firme. Y en medio de toda esta mezcolanza de fauna, los Masai pastoreaban sus vacas, en plena armonía con el paisaje.
Antílope de agua en los "jardines" del hotel
Dic-dics, los cérvidos de menor tamaño del mundo
Jirafa comiendo junto al lago
Martín pescador gigante en el embarcadero
Martín pescador pío
Tántalo africano pescando en Naivasha
Ganado Masai en las orillas del lago
Hipopótamos y pelícanos en Naivasha
Grupo de hipopótamos
Cormoranes en el lago, y al fondo los Aberdares

Después de un rato disfrutando del espectáculo de vida de Naivasha, fuimos al chiringuito que había junto a la piscina a comer una churruscadita hamburguesa. El ambiente era de inmensa tranquilidad, sólo rota de vez en cuando por los chillidos de monos y marabúes.
Ducha de la piscina
Tumbonas y piscina en mitad de la naturaleza
Colobo blanco sobre el hotel
Mono vervet tomando el postre

Poco más cundió el día, pues el sol comenzaba a ponerse y había dos horas de camino por delante por unas carreteras por las que no resulta nada recomendable circular de noche. Mal estado del asfalto y de los vehículos, poco respeto a las normas de circulación, ausencia de señalización, gente de raza negra con oscuras vestimentas andando por los arcenes y controles de policía sin señalizar (o señalizados con velas de cera, si hay suerte), son demasiadas razones como para jugarse la vida.

Puesto de hortalizas en la carretera Nairobi - Naivasha

Motos-taxi "boda boda"

Sin más sobresaltos que los justos llegamos a casa, tras una inolvidable primera toma de contacto con Kenia, con sus matatus e hipopótamos, con sus jirafas y Masais.

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