NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.
El invierno estaba recién estrenado, pero las temperaturas suaves y el sol primaveral me animó a pasar una mañana de Nochebuena entre aves y encinas. Ya desde el coche tuve la suerte de contemplar una pareja de cernícalos, que ejercían de guardianes de la carretera, posados a derecha e izquierda del camino. Podemos ver el diformismo en color entre ambos sexos (macho con cabeza gris azulada, y la hembra con la cabeza anaranjada).
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| Cernícalo vulgar (hembra) |
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| Cernícalo vulgar (macho) |
Como es costumbre en estos montes, los buitres negros madrugaron más que los leonados, algo más perezosos a la hora de emprender el vuelo matutino. Las pequeñas aves, como las bisbitas, palomas y petirrojos inundaban el campo con sus animados trinos.
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| Buitre negro |
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| Bisbita común |
También los milanos reales se dejaron ver volando a baja altura sobre las copas de las encinas, en busca de alguna pequeña lagartija o roedor que llevarse al pico. Mientras, la imperial llenó el encinar con sus roncas llamadas. Esta vez, sin embargo, no pudimos verla tan a placer como en otras ocasiones.
Llegó la hora de comer y volver a casa. Lo mismo les pasó a los buitres. Parecía que tendrían festín: uno tras otro comenzó a lanzarse en picado hacia un valle cercano. La señal alarmaba a los congéneres, y en pocos minutos decenas de buitres leonados y negros se perdieron tras una loma cercana. Iban con más prisas que la costumbre, y se impulsaban con sus grandes y pesadas alas. Si no llegaban tarde al almuerzo, otro día más se habría superado.
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| Buitre leonado |






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