miércoles, 26 de diciembre de 2012

Sierra del Oeste (Madrid). Diciembre, 2012

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.

Aprovechando las vacaciones navideñas y el sol reluciente, nos acercamos a nuestra sierra oeste para pasar una jornada alejados de la gran ciudad. El silencio y la calma total nos acompañó en el primer repecho, que discurría paralelo a un riachuelo que a duras penas avanzaba entre los cantos rodados.
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Amanecer en la sierra oeste

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Paisaje en la sierra oeste

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Riachuelo con poco caudal

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Pinares

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Muérdago

Cuando pasamos la primera gran curva y cambiamos el rumbo, Bow divisó en los cielos una pareja de buitres leonados, que con sus vuelos paralelos parecían indicar la cercanía de una nueva época de celo. A ras de hierba, los mosquiteros saltaban entre las ramas, mientras en la espesura del pinar retumbaban los martilleos de los esquivos carpinteros.
 
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Pareja de buitres leonados

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Mosquitero

Las lluvias de los días anteriores habían formado unos charcos junto al camino, en que se reflejaban los árboles y riscos que se elevaban en su margen.

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Charca

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Cueva natural
Tras hora y pico de marcha, y ya acercándose la hora de comer, una gran sombra cruzó el cielo, rumbo al sol. A contraluz, intentando no ser deslumbrados, observamos el poderoso planeo de una rapaz de gran tamaño. Conocedores de la comarca, intuímos que se trataba de un águila real, vecina que ya nos había saludado en anteriores visitas. La pareja de la reina de las aves, estaba cerca, y ambas nos deleitaron con acrobáticos planeos entre riscos y árboles.

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Silueta de águila real

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Picado de águila real

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Pareja de águilas reales, una de ellas posándose

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Vuelo acrobático de águila real

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Planeo de la real

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Águila real aportando material al nido

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Águila real

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Dominios del águila real

Tras unos minutos de idas y venidas, la real se fue elevando, hasta que su silueta se diluyó en el cielo azul. Como eran fechas invernales, el sol no tardaría en caer, así que decidimos emprender la vuelta, tras dar buena cuenta de los bocatas reglamentarios.

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Antiguo cartel informativo

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Los riscos sobre la charca

Tuvimos que esquivar algunos charcos por el camino, así como alguna vaca que pastaba junto a la pista forestal. En los cielos, los enormes buitres leonados y negros escrudiñaban el terreno en busca de alguna res muerta.

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Buitre leonado

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Buitre negro

Tras otras casi dos horas de ruta llegamos de nuevo al coche, para dar por concluida otra fructífera jornada entre reales y carroñeros. 

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Setas sobre hez vacuna

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Atardecer en los pinares

lunes, 24 de diciembre de 2012

Cuenca Alta del Manzanares (Madrid). Diciembre, 2012 (II)

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.
El invierno estaba recién estrenado, pero las temperaturas suaves y el sol primaveral me animó a pasar una mañana de Nochebuena entre aves y encinas. Ya desde el coche tuve la suerte de contemplar una pareja de cernícalos, que ejercían de guardianes de la carretera, posados a derecha e izquierda del camino. Podemos ver el diformismo en color entre ambos sexos (macho con cabeza gris azulada, y la hembra con la cabeza anaranjada).

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Cernícalo vulgar (hembra)
 
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Cernícalo vulgar (macho)      

Como es costumbre en estos montes, los buitres negros madrugaron más que los leonados, algo más perezosos a la hora de emprender el vuelo matutino. Las pequeñas aves, como las bisbitas, palomas y petirrojos inundaban el campo con sus animados trinos.

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Buitre negro         


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Bisbita común

También los milanos reales se dejaron ver volando a baja altura sobre las copas de las encinas, en busca de alguna pequeña lagartija o roedor que llevarse al pico. Mientras, la imperial llenó el encinar con sus roncas llamadas. Esta vez, sin embargo, no pudimos verla tan a placer como en otras ocasiones.
 
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Milano real
 
Llegó la hora de comer y volver a casa. Lo mismo les pasó a los buitres. Parecía que tendrían festín: uno tras otro comenzó a lanzarse en picado hacia un valle cercano. La señal alarmaba a los congéneres, y en pocos minutos decenas de buitres leonados y negros se perdieron tras una loma cercana. Iban con más prisas que la costumbre, y se impulsaban con sus grandes y pesadas alas. Si no llegaban tarde al almuerzo, otro día más se habría superado.

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Buitre leonado


sábado, 8 de diciembre de 2012

Cuenca Alta del Manzanares (Madrid). Diciembre, 2012

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.

La semana de frío y lluvia había traído las primeras nieves a las cumbres más altas de nuestra sierra. Sin embargo el sábado amaneció totalmente despejado, lo que aprovechamos para visitar nuestros encinares serranos. No fui el único que tuve esa idea, y durante toda la mañana los ciclistas pasaron de aquí para allá. En las fincas cercanas, las ovejas pastaban apacibiblemente mientras disfrutaban de los rayos de sol.

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Primeras nieves del otoño
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Rebaño de ovejas pastando



Como es costumbre, los buitres negros esperaron a que el sol calentara lo suficiente para iniciar sus infatigables planeos en busca de alguna res muerta. Formando escuadrones, escudriñaban hectáreas y hectáreas de monte bajo. Entre los gigantes alados, algunas aves migratorias cruzaban el cielo hacia su lugar de retiro invernal.

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Buitre negro


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Toro pastando


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Gaviotas migrando


Unas palomas de colores y formas curiosas, se cruzaron ejecutanto piruetas imposibles. Parece que eran palomas de raza. No debería andar muy lejos un colombófilo. Todo un mundo inimaginable el de la cría de palomas, según he podido investigar un poco.

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Paloma de raza

Desde unos cientos de metros más arriba de las palomas, otras aves menos ágiles, los buitres leonados, seguían suspendidos del cielo gracias a sus casi tres metros de envergadura.

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Buitre leonado

Ya cuando llegábamos al coche, la emperadora del bosque nos saludó, como otras veces, con sus roncos ladridos. Enseguida la descubrimos, posada en una torreta, recortando su oscura silueta sobre las cumbres nevadas. Una impresionante postal para dar por finalizada nuestra breve escapada.

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Águila imperial emitiendo su característico grito ronco

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Aguila imperial ibérica


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Águila imperial divisando las cumbres nevadas

viernes, 2 de noviembre de 2012

Cuenca Alta del Manzanares (Madrid). Noviembre, 2012

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.

Aprovechando la tregua concedida por las borrascas otoñales, otra mañana más nos animamos a disfrutar de una jornada por nuestros montes. Mirando de reojo las nubes que se acercaban desde el sur, Emi y yo emprendimos la marcha observados por una pareja de caballos que segundos antes pastaba tranquilamente tras una cerca.

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Pareja de caballos

Con un ritmo menos cansino que la pareja de equinos, un milano real surcaba ágilmente el cielo, escudriñando cada palmo del terreno en busca de algún roedor o lagartija. En el horizonte, el espeso bosque mediterráneo se fue abriendo al ritmo de nuestros pasos. El mar de copas de encinas daba paso a una zona de despejadas dehesas que rodeaban el cauce del río. Al cobijo de los árboles, los venados y los gamos pastaban plácidamente.

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Milano real

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Venados pastando

Elevando la vista a los cielos, el trasiego de nuestros gigantes alados, buitres leonados y negros, se aceleraba. La lluvia del día anterior los había recluido en algún posadero, y sus ganas de volar en busca de alimento era doble. Entre tanto carroñero, el trompicado vuelo de un aguilucho cenizo que atravesaba la dehesa no pasó desapercibido.

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Buitre leonado

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Aguilucho cenizo

El vuelo del aguilucho dirigió nuestros ojos de nuevo a unos ciervos que, debido a la tardía llegada de las lluvias otoñales, aún seguían de berrea. En un principio nos llamó la atención escuchar los bramidos de los venados en noviembre, pero tras un septiembre seco, tenía cierto sentido.

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Ciervo y cierva

En otros rincones del monte, muy cerca de allí, los gamos también andaban con su partcular época de celo, la ronca, en pleno esplendor. Tanto las luchas de venados y gamos como la ya comenzada temporada de caza dejará caídos en combate entre dichas especies. Buenos conocedores de ello, los buitres sobrevolarán las dehesas y montes en busca de las ansiadas proteínas.

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Buitre negro

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Gamos

Se nos esfumó la mañana en un abrir y cerrar de ojos. Tras almorzar y la merecida siestecilla de rigor al abrigo de las jaras, decidimos volver sobre nuestros pasos. Un gélido viento se fue abriendo paso entre unos rayos de luz cada vez más tenues. Como traidas por el viento, algunas aves migratorias sobrevolaron nuestras cabezas. Desfilando desde el norte de Europa, llegaban unas gaviotas con intención de pasar el invierno en nuestros montes. Parece que guiris de todas las especies gustan de nuestro clima. Por contra, los halcones abejeros emprendían rumbo al sur, hacia África, en busca de sus presas favoritas, las abejas.

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Gaviotas en formación
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Halcón abejero rumbo al sur

Sin prestar mucha atención al ajetreo de los cielos, los jabalíes devoraban las bellotas que caían de las encinas por el ímpetu del viento.

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Jabalí comiendo bellotas junto a una encina

Cuando enfilábamos ya el último tramo del camino, la penúltima cuesta, una vieja conocida, ilustre vecina de estos encinares, quiso sumarse a la fiesta. Al pie del camino, sobre una pequeña torreta eléctrica, se erguía majestuosa nuestra ave más emblemática y amenazada. La gran águila imperial vigilada su territorio desde la atalaya metálica, soportando sin inmutarse el golpeo del fuerte viento. Su aguda vista nos descubrió enseguida, pero la rapaz no se alarmó. Justo con la última claridad del día, cuando estábamos a pocos metros de ella, el águila emprendió el vuelo. Era la hora de buscar cobijo al abrigo de la espesura de alguna encina. El frío viento nos avisaba de que se avecinaba una gélida y desapacible noche en nuestro monte.

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Águila imperial ibérica

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Atardecer en el encinar