domingo, 24 de marzo de 2013

Cuenca Alta del Manzanares (Madrid). Marzo, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.


A pesar de ya estar acabando el mes de marzo, la primavera se resistía a hacer su entrada en la sierra madrileña. En los picos más altos, las nevadas aún eran frecuentes y los gélidos vientos del norte convertían el ambiente en bastante desapacible. Sin embargo, tras unas semanas de abandono campestre, me animé a salir a dar una breve caminata por los encinares de la Cuenca Alta del Manzanares.

Durante el primer tramo del camino la lluvia y el viento fueron inseparables compañeros de viaje. En lo alto de la torreta eléctrica, la imperial aguantaba estoicamente, encogida de hombros, la caída de la lluvia, fina pero continua. Al fondo, grises nubarrones trataban de elevarse sin éxito por encima de los 2.000 metros que alcanzan los picos más altos de nuestra sierra.

La llovizna desapareció un rato, e incluso algunos tímidos rayos de sol se dejaron ver, y secaron enseguida tanto el plumaje de la imperial como mi chubasquero.
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Cumbres nevadas de la Sierra de Madrid

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Imperial frente a las nieves de la Sierra de Madrid

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Águila imperial encogida durante la tormenta

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Tormenta en la Sierra

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Imperial secando su plumaje


La abundancia de precipitaciones de las últimas semanas daban al paisaje un impresionante verdor. Los ríos y riachuelos presentaban un generosos caudal, y los charcos abundaban en casi cualquier vaguada, para alegría de los vecinos del bosque.
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Cauce crecido tras las abundantes lluvias


Tras la tormenta, los pajarillos, zorzales, palomas, críalos, inundaban con sus cantos y vuelos el entorno. Los grandes carroñeros, buitres negros y leonados, acababan de dejar sus posaderos y volaban a baja altura, a la caza y captura de las corrientes térmicas que los elevaran a los cielos.
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Zorzal
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Clareando el día

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Buitre negro

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Buitre leonado

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Buitre negro

En los meandros más escondidos del río, las aves acuáticas, como tarros blancos y ánades reales buscaban alimento.
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Pareja de tarros blancos
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Ánade real

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Ánade real entre las nubes

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Pareja de ánades reales

Durante algunos minutos el cielo de despejó del todo. El momento fue aprovechado por una recién llegada de su retiro invernal africano. La culebrera cruzó el cielo a mediana altura, confiando en detectar algún ofidio que se hubiera animado con los rayos del sol a salir de su escondite.
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Águila culebrera

Lamentablemente el cielo se volvió a encapotar enseguida, y la fina llovizna apareció de nuevo. Los milanos reales, ajenos a lluvias y soles, volaban acrobáticamente, mientras unos metros más abajo, una pareja de caballos pastaba mansamente.

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Vuelos de celo de los milanos reales

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Nueva tormenta en el monte

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Caballo pastando

Ya llegando al final de la marcha, la nueva tregua que dieron las lluvias fue aprovechada por los buitres para lanzarse a los cielos, al igual que una pareja de ratoneros, que al igual que los milanos adornaban los cielos con sus vuelos nupciales, vuelos de despedida del estreno primaveral en estos encinares.
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Buitre leonado

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Ratonero común

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Camino de vuelta a casa



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