sábado, 30 de marzo de 2013

Sierra Oeste (Madrid). Marzo, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.


Los primeros días primaverales y las vacaciones de Semana Santa nos empujaron a pasar otro día más por nuestros montes. Decidimos ir hacia una zona conocida ya de la sierra oeste, pero con la intención de investigar algún valle distinto al de veces anteriores. En la primera parte del camino, el trinar y deambular de trepadores, petirrojos, pinzones y otros pajarillos fue incesante. Emulando a nuestros paisanos de los pueblos y ciudades, las orugas seguían nuestras más hondas tradiciones, y desfilaban bajo nuestros pies en procesión de un pino a otro.

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Pinares
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Pinzón
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Trepador azul alimentando a su prole
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Trepador azul
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La procesionaria

El cielo azul se fue cubriendo de nubes con el paso del día, si bien hubo suerte y no llegó a llover. Tras hora y pico de caminata tomamos rumbo nuevo en una encrucijada, hacia un valle no explorado. Una ardilla cruzó la pista rauda y veloz, para evitar ser presa de los ratoneros que planeaban sobre los pinos. Algunos buitres leonados surcaban el cielo a gran altura, y en la lejanía, la imperial se dejaba ver y escuchar.

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Pinares de la Sierra Oeste
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Ratonero
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Ratonero
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Buitre leonado

En el monte de enfrente, varios ciervos, uno de ellos con una única cuerna, atravesaron el cortafuegos, seguramente para beber en las aguas del cercano riachuelo.

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Ciervos cruzando el cortafuegos
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Ciervo con una única cuerna
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Picos nevados

Tras otra hora y pico de pateo tras la comida, llegamos a otra lagunilla, en la que un inesperado habitante del bosque, el murciélago, hacia vuelos rasantes sobre un agua picada por el fuerte viento. El día se iba acabando y era momento de dar media vuelta. El paseo por el nuevo valle no resultó muy productivo, a excepción de unos cérvidos que Bow descubrió entre la espesura de las jaras y encinas.

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Murciélago


Pasamos junto a una zona de apicultura, y poco después nos topamos con un rebaño de cabras y ovejas, que animaban con sus balidos la tranquilidad de la jornada. En el cielo, algunos buitres y milanos seguían surcando el cielo, si bien a gran altura, al igual que la imperial.


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Apicultura

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Cabritillo

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Pastor con sus perros
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Milano negro
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Paloma torcaz
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Cabra ramoneando
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Buitre negro
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Rebaño taponando el camino

Y fue en la parte final del camino cuando la jornada se enderezó, y el bosque se empezó a animar. Primero se dejó ver a baja altura un águila calzada, ya llegada de su retiro africano. Su vuelo nos acompañó hasta casi el final de la jornada. Luego el ágil gavilán nos deleitó con algunos vuelo acrobáticos, e incluso la imperial bajó con un vuelo fugaz hacia las partes bajas del valle. Un gran final para otro día entre pinos y jaras.

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Águila calzada

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Gavilán

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Águila imperial
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Águila calzada

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Regreso a casa


domingo, 24 de marzo de 2013

Cuenca Alta del Manzanares (Madrid). Marzo, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.


A pesar de ya estar acabando el mes de marzo, la primavera se resistía a hacer su entrada en la sierra madrileña. En los picos más altos, las nevadas aún eran frecuentes y los gélidos vientos del norte convertían el ambiente en bastante desapacible. Sin embargo, tras unas semanas de abandono campestre, me animé a salir a dar una breve caminata por los encinares de la Cuenca Alta del Manzanares.

Durante el primer tramo del camino la lluvia y el viento fueron inseparables compañeros de viaje. En lo alto de la torreta eléctrica, la imperial aguantaba estoicamente, encogida de hombros, la caída de la lluvia, fina pero continua. Al fondo, grises nubarrones trataban de elevarse sin éxito por encima de los 2.000 metros que alcanzan los picos más altos de nuestra sierra.

La llovizna desapareció un rato, e incluso algunos tímidos rayos de sol se dejaron ver, y secaron enseguida tanto el plumaje de la imperial como mi chubasquero.
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Cumbres nevadas de la Sierra de Madrid

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Imperial frente a las nieves de la Sierra de Madrid

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Águila imperial encogida durante la tormenta

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Tormenta en la Sierra

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Imperial secando su plumaje


La abundancia de precipitaciones de las últimas semanas daban al paisaje un impresionante verdor. Los ríos y riachuelos presentaban un generosos caudal, y los charcos abundaban en casi cualquier vaguada, para alegría de los vecinos del bosque.
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Cauce crecido tras las abundantes lluvias


Tras la tormenta, los pajarillos, zorzales, palomas, críalos, inundaban con sus cantos y vuelos el entorno. Los grandes carroñeros, buitres negros y leonados, acababan de dejar sus posaderos y volaban a baja altura, a la caza y captura de las corrientes térmicas que los elevaran a los cielos.
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Zorzal
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Clareando el día

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Buitre negro

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Buitre leonado

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Buitre negro

En los meandros más escondidos del río, las aves acuáticas, como tarros blancos y ánades reales buscaban alimento.
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Pareja de tarros blancos
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Ánade real

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Ánade real entre las nubes

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Pareja de ánades reales

Durante algunos minutos el cielo de despejó del todo. El momento fue aprovechado por una recién llegada de su retiro invernal africano. La culebrera cruzó el cielo a mediana altura, confiando en detectar algún ofidio que se hubiera animado con los rayos del sol a salir de su escondite.
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Águila culebrera

Lamentablemente el cielo se volvió a encapotar enseguida, y la fina llovizna apareció de nuevo. Los milanos reales, ajenos a lluvias y soles, volaban acrobáticamente, mientras unos metros más abajo, una pareja de caballos pastaba mansamente.

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Vuelos de celo de los milanos reales

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Nueva tormenta en el monte

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Caballo pastando

Ya llegando al final de la marcha, la nueva tregua que dieron las lluvias fue aprovechada por los buitres para lanzarse a los cielos, al igual que una pareja de ratoneros, que al igual que los milanos adornaban los cielos con sus vuelos nupciales, vuelos de despedida del estreno primaveral en estos encinares.
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Buitre leonado

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Ratonero común

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Camino de vuelta a casa



domingo, 3 de marzo de 2013

Sierra Oeste (Madrid). Marzo, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.

  
Comenzamos la caminata con menos madrugón en nuestro cuerpo, pero las mismas ganas de siempre. Las lluvias de los días anteriores nos obligaron a dejar el coche un poco más lejos que otras veces, pero enseguida encaramos la primera subida, que deja a la derecha el pueblo, con sus ruidos típicos: ladridos, voces, algún claxón. A espaldas del pueblo, las nieves que cubrían los picos más altos contrastaban con el verdor del bosque y el tono grisáseo del cielo. Al llegar al primer recodo del camino nos topamos con unos perros correteaban detrás de todo lo que se moviera entre los pinares. En los cielos, la actividad también era mayor que otras veces, quizás por no ser tan temprano. Los buitres leonados ya planeaban a decenas por el cielo.


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Sierra oeste con restos de nevadas

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Perro jugueteando

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Oteando el horizonte

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Buitre leonado

Atravesamos un par de valles sin mayor actividad que la del vuelo fugaz de algún buitre leonado o negro. Pero en cuanto llegamos al tercer valle, ya alejado de la civilización, la actividad aérea y acuática se multiplicó. Estábamos entretenidos disfrutando del sosegado nado de una pareja de ánades reales, cuando una pareja de águilas imperiales entró en escena. Acrobáticos vuelos, picados y remontes, se sucedieron, entre sus característicos ladridos cortos. Tras unos minutos de espectáculo, se elevaron hasta camuflar sus siluetas ante el ya brillante sol.

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Águila imperial ibérica

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Águila imperial emitiendo sonidos de celo

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Acrobacias nupciales de águila imperial

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Acrobacias nupciales de águila imperial

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Acrobacias nupciales de águila imperial


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Acrobacias nupciales de águila imperial

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Acrobacias nupciales de águila imperial

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Acrobacias nupciales de águila imperial

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Acrobacias nupciales de águila imperial

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Acrobacias nupciales de águila imperial

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Águila imperial desplegando garras

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Charcos entre el bosque de encinas y pinos

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Ánades en la lagunilla

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Ánades reales macho (izquierda) y hembra

Tras disfrutar de águilas y ánades, tomamos un desvío en el camino, hacia una zona más solitaria si cabe. A lo lejos divisamos los paneles de apicultores, sobrevolados por una pareja de ruidosos ratoneros. En las alturas, algún halcón abejero culminaba sus últimos kilómetros de migración desde tierras africanas.
 
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Apicultura en la sierra

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Ratonero planeando sobre las copas de las encinas

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Paisaje serrano

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Halcón abejero a gran altura

Durante casi toda la jornada, las águilas imperiales fueron inseparables compañeras de marcha, y nos deleitaron con su silueta oscura que contrasta con sus blancos hombros y cabeza dorada.

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Águila imperial sobre su territorio

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Águila imperial sobre su territorio

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Paloma torcaz huyendo del águila
  
Algunos buitres, leonados y negros, también nos dieron varias pasadas para examinarnos, y una vez satisfecha su curiosidad, proseguir con su pesado vuelo el reconocimiento de cada palmo del monte en busca de una carroña.

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Buitre leonado

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Riachuelo entre las encinas

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Buitre negro

Con el transcurso del día, las nubes fueron ganando terreno al sol, y la luz enseguida disminuyó: señal de volver a casa. En la primera parte del regreso, además de las omnipresentes imperiales, los mamíferos fueron protagonistas, casi a petición del Bow. Ganado doméstico, como unas cabras, o salvaje, unos cervatillos, se cruzaron en nuestro caminar.

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Paisaje de la Sierra Oeste

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Cabra y su cabritillo

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Picos nevados al atardecer

En el descenso final, las aves retomaron su protagonismo, y un gavilán de vuelo fugaz, un mirlo cantarín y un llamativo cormorán, pusieron la guinda de un magnífico día entre las encinas y pinos de nuestra sierra.

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Gavilán atravesando el bosque

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Mirlo vigilante

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Cormorán surcando el cielo lluvioso

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Volviendo a casa