lunes, 10 de junio de 2013

Cuenca Alta del Manzanares (Madrid). Junio, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.


Otra jornada más aproveché un hueco en la tarde para hacer una escapadita por los encinares de las afueras. Al ser día de diario, me crucé con muy pocos ciclistas y paseantes, lo que animó a la fauna local a dejarse ver más que de costumbre.

El sol, muy presente aún, más que brillar, cegaba. Intuía los abejarucos volar a contraluz, más por sus estridentes sonidos que por sus vivos colores. Las abubillas también revoloteaban de rama en rama, al igual que alcaudones, trigueros y bisbitas. Desde su posadero habitual, la imperial vigilaba atenta sus dominios. Al fondo, en las montañas aún sobrevivían restos de neveros de las últimas nevadas de una primavera fría y húmeda.


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Abejaruco
 
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Águila imperial ibérica adulta

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Abubilla camuflada en la encina

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Alcaudón común

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Triguero

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Triguero

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Bisbita

En las alturas, algunas rapaces, dibujaban círculos a mediana altura. Más cerca del terreno, un abejero, un ratonero y sobre todo una joven imperial rompieron el sosiego de algunos habitantes del bosque. Los más intranquilos fueron los miembros de una familia de jabalíes, que tras avistar al águila emprendió una huída al galope. Los rayones, aún muy pequeños, siguieron a duras penas el ritmo de su madre.

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Abejero

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Jabalina

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Jabalina con sus rayones

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Jabalina huyendo con sus rayones

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Rayón

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Ratonero

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Águila imperial joven

La joven águila, esperanza para el futuro de nuestra rapaz más amenazada, bajó casi al nivel de las copas de las encimas para observarme, y de paso buscar algún conejo despistado. Una exhibición de vuelo en toda regla, con virajes y acrobacias imposibles incluidas.
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Águila imperial joven

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Águila imperial joven

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Águila imperial joven

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Águila imperial joven
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Águila imperial joven

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Águila imperial joven

Con un vuelo algo más torpe, una garza real cruzó el cielo rumbo al embalse cercano. Las ciervas que pastaban a la sombra de las encinas alzaron su mirada para contemplarla, para acto seguido continuar su merienda, abundante gracias a las frecuentes lluvias de semanas atrás.

 
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Garza real aliviando peso

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Encinares de la Cuenca Alta del Manzanares

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Ciervas pastando en la dehesa

El sol comenzaba a caer tras las montañas del horizonte, y tocaba volver. En el camino de regreso, la joven imperial dejó el espacio aéreo para sus mayores, y para los buitres leonados y negros que agotaban sus planeos con las últimas corrientes térmicas del día.

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Águila imperial adulta

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Triguero

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Ratonero

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Buitre negro

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Buitre leonado

En los últimos metros, algún buitre leonado me dio su despedida, y una rapaz que no pude observar bien me sobrevoló, quizás una perdicera. Abajo dejo una foto de testimonio, para la identificación de los lectores más avezados y observadores. Volveremos para ver si nos vuelve a sorprender y la podemos identificar mejor.

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Águila ¿perdicera?

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Buitre leonado

sábado, 1 de junio de 2013

Monfragüe (Cáceres). Junio, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.



DÍA 1: SÁBADO
 

Con las ganas acumuladas durante casi el año que había transcurrido desde nuestra última visita, el sábado por la mañana Bow y yo pusimos rumbo hacia tierras extremeñas. Tras dos horas y pico de camino, entramos por la carreterilla que entre encinas da a parar en la Portilla. A nuestro paso entre las dehesas milanos y cigüeñas nos dieron la bienvenida.

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Milano real

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Tiétar entrando en Monfragüe

Los farallones de la Portilla del Tiétar aparecieron ante nuestros ojos repletos de buitres leonados. En los cielos, muy alto, la imperial dio un par de pasadas.

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Buitres leonados en la Portilla

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Buitre leonado recién alimentado

Los alimoches también se dejaron ver desde casi nuestra llegada al Parque, tanto adultos como algunos ejemplares inmaduros que auguran un buen futuro a la especie. Sobre la copa de una enorme encina que erigía entre los espesos jarales, un buitre negro había construido su nido, y protegía del sol a su polluelo.

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Alimoche en la Portilla

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Nido de alimoche junto al Tiétar
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Nido de buitre negro entre la espesura del monte mediterráneo

En el mirador de la Higuerilla, que domina desde lo alto un par de meandros del río Tiétar, pudimos contemplar de muy cerca el planeo de milanos negros y buitres leonados.

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Milano negro sobrevolando el Tiétar

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Buitre leonado desde la Higuerilla

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Meandro de un Tiétar rebosante


El sol y calor empezaba a apretar, y aprovechamos la sombra de la Báscula para comer. Desde allí divisamos algunos buitres negros y leonados en el horizonte. Una posible culebrera, muy lejana, también revoloteó sobre el monte mediterráneo que rodeaba el cauce del Tajo entrante en Monfra.
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Pareja de buitres negros desde la Báscula

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Río Tajo a tope

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Buitre negro

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Buitre leonado

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Carpas en el Tiétar

Empezando la tarde llegamos al punto donde el Tiétar desemboca en el Tajo. Allí una cigüeña negra aterrizaba en su nido, ante la atenta mirada de un vecino buitre leonado que tenía su nido a escasos centímetros.

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Cigüeña negra aterrizando en su nido

Cuando llegamos a Peñafalcón, el cielo estaba muy tanquilo, pero pronto se animó, y milanos, buitres, alimoches e incluso una imperial joven hiciero acto de presencia. Dimos un paseo por una angosta vereda que discurría junto al río. En el corto paseo sorprendimos a una nutria que nadaba plácidamente hacia la orilla. Desgraciadamente me confié en exceso, y tardé más de lo debido en sacar la cámara: justo cuando me disponía a apuntarla se sumergió en las verdes aguas del Tajo, dejándome con las ganas de inmortalizarla. Volveremos a por ella.


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Milano negro escudriñando el terreno

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Roquero solitario

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Alimoche inmaduro

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Arroyo de Barbaón desembocando en el Tajo

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Cerro Gimio

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Águila imperial inmadura

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Silueta de buitre leonado en Peñafalcón

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Tajo abandonando Monfragüe

Emprendimos el regreso hacia la Portilla, para ver allí el atardecer e intentar descubrir al búho real que desde hacía ya muchos años se deja ver entre los cantiles. En el camino, pasado Villarreal, un alimoche nos sorprendió volando a muy baja altura.
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Alimoche

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Alimoche

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Alimoche

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Alimoche
 
Tras disfrutar del vuelo del pequeño buitre africano, y tras cruzar la presa del Tiétar, un inesperado habitante del bosque surgió trotanto de entre los pinares. Se trataba del nocturno y huidizo zorro. Este ejemplar, sin embargo, se mostró sin miedo aparente al ser humano, ya que curioseaba por un merendero en busca de un trozo del bocata de algún visitante.

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Zorro

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Zorro

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Zorro

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Zorro

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Zorro

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Zorro amenazante

Reemprendimos la vuelta, y junto a la Higuerilla, otro raposo se acercaba a los coches en busca de algo de comer. Peligrosa afición la de de estos raposos, que tendrán que combinar con unos buenos reflejos para no morir atropellados.

Aún comentando con Bow el encuentro con los zorros llegamos a la Portilla, con una hora y pico de luz por delante. Durante la espera ni rastro del búho real. Nos comentó un visitante con pinta de entendido que este invierno había muerto el macho, y la hembra buscaba nuevo pretendiente. Fue bajando el sol en un ambiente inundado por un silencio absoluto, únicamente roto de vez en cuando por los graznidos de alguno de los muchos buitres que anidaba en el acantilado. Toda la escena era vigilada desde lo alto por emperadora de esos parajes, la imperial, que justo con el último rayo de sol emitió su ladrido característico mientras se dejaba caer en el nido que tenía al otro lado de las peñas. Momento que aprovechamos nosotros también para tomar rumbo al hostal para pasar la noche.

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Águila imperial sobre la Portilla

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Atardecer en el Tiétar

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Nido de buitre leonado en el roquedo


DÍA 2: DOMINGO


Los trinos de los pájaros nos despertaron al alba, muy temprano. Apovechamos el frescor de la mañana para dar un paseito por las dehesas de la finca donde estaba hubicada la casa rural, a orillas del Tiétar. Los buitres leonados comenzaban sus vuelos, y los milanos acudían al nido con la primera pesca matutina.

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Primer vuelo de la mañana del buitre leonado
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Dehesa junto al Tiétar

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Milano negro con la pesca fresca

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Amanecer junto al Tiétar

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Amanecer en la Portilla

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Hide entre las encinas

Nuestra primera parada en la Portilla fue difícilmente mejorable. Cielo totalmente despejado, pero la temperatura soportable, ya que el sol aún no calentaba con fuerza. La actividad fue máxima el tiempo que estuvimos allí. Buitres negros y leonados planearon a baja altura, al igual que cigüeñas negras, imperial y alimoches.

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Planeo del buitre negro

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Águila imperial ibérica

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Buitre leonado

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Buitre leonado

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Buitre negro

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Pareja de leonados


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Buitre leonado secando su plumaje

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Alimoche

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Cigüeña negra

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Cigüeña negra

Tuvimos la fortuna de disfrutar un lance curioso, una escaramuza entre un despistado buitre negro y la imperial que protegía su territorio. Tras un par de picados y una persecución, el gran buitre, la más grande las aves ibéricas, huyó derrotada.

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Buitre negro adentrándose en territorio de la imperial

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Trifulca entre imperial y buitre negro

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Persecución vertical entre imperial y buitre negro

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Ataque en picado de la imperial al buitre negro

Ajenos a la batalla aérea, otros habitantes de los farallones seguían su vida, en los farallones los buitres leonados alimentaban a sus polluelos, y los alimoches protegían del sol a sus pollos.


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Buitre leonado alimentando a su polluelo

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Vuelo fugaz de garza real

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Alimoche en su nido

Aceleramos la marcha, y llegamos a la otra punta de Monfra, el Salto del Gitano. Al llegar todas las miradas se dirigían hacia lo más alto de los farallones: halcones peregrinos y cigüeñas negras se enzarzaban en especatulares persecuciones aéreas, en las que las rapaces nos mostraron su reconocida la agilidad y velocidad.

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Halcón peregrino hostigando a cigüeña negra


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Halcón peregrino

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Halcón peregrino

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Halcón peregrino
 
Muy activas se mostraron las cigüeñas negras. Junto al río, una pareja daba sombra a sus tres pollos, en un nido construido casi a ras del río. Unos centímetros más de crecida del río y el Tajo se llevaría por delante a los polluelos de la zancuda.

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Nido de cigüeña negra a ras del Tajo

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Pareja de cigüeñas negras protegiendo del sol a su prole

En los cielos también su actividad fue frenética. De un lado a otro deambularon, posándose en una peña, alzando el vuelo, así una y otra vez. Tan sólo la pareja de halcones pareció seguirles el juego un rato.


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Inmensa figura del buitre leonado

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Pareja de cigüeñas negras en el Salto del Gitano

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Nido de cigüeña negra

Un milano negro también se encaró con un ejemplar inmaduro de alimoche, llenando el cielo durante unos minutos de acrobacias, para la satisfacción de los allí congregados.

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Milano negro persiguiendo a inmaduro de alimoche

Se nos pasó la mañana volando en el Salto del Gitano, y tuvimos que aplazar para otra ocasión la ruta que habíamos planeado. Difícil planear nada en Monfra, cuando detrás de cada curva del camino te puede sorprender cualquier habitante del monte, y entretenerte media jornada. Comenzamos la vuelta hacia la Portilla, y fuimos parando en algunos miradores.

Los cuervos de la Tajadilla fueron la única novedad. Fuimos despidiéndonos de alimoches, buitres negros y demás alados que nos habían acompañado estos dos días. Dos ciervas también se dejaron ver, aliviando el calor con las aguas del Tiétar.

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Pareja de cuervos en su nido de la Portilla

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Alimoche en su nido junto al Tiétar


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Cierva bebiendo de río Tiétar

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Buitre negro en su nido

Ya en el último roquedo, la Portilla, el sol caía con fuerza. Los buitres protegían con sus alas a los pollos, e incluso uno llevaba pajas para acolchar el nido. Más arriba, dominando el paraje, la imperial nos regaló los últimos vuelos, antes abandonar el Parque. Perfecta guinda para dos días inolvidables.

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Buitre leonado aportando material al nido

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Buitre leonado protegiendo del sol a su único polluelo

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Águila imperial ibérica

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Águila imperial ibérica

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Águila imperial ibérica

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Águila imperial ibérica