domingo, 17 de febrero de 2013

Sierra Oeste (Madrid). Febrero, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.


Las previsiones del tiempo no eran muy favorables, lluvías y viento norte, pero con las ganas de Yous vencimos el madrugón. Llegamos temprano a nuestro punto de partida de la ruta mañanera. Algunos ciclistas, pocos, habían sido más madrugadores que nosotros. En el ambiente un silencio total, tan sólo roto a ratos por los ladridos de los perros del pueblo cercano. Tras el primer ascenso de algo más de un kilómetro cogimos cierta altura, y las vistas comenzaron a ser merecedoras del esfuerzo. La neblina cubría las hondonadas por las que transcurrían los riachuelos, y en el cielo ningún ave daba señales de vida.
 
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Niebla matutina

Cuando abandonamos el primer valle, y entramos en el segundo, más alejado de la civilización, la vida comenzó a animarse. Con los primeros rayos del sol, tenues entre las nubes, la temperatura y la actividad subió en los pinares. Las bisbitas y otros pajarillos comenzaron sus trinos, y en la copa de un espeso piso descubrimos la silueta de un buitre leonado. Tras algo más de una hora de caminata llegamos a una bonita lagunilla, un oasis entre pinares. Por desgracia unos ciclistas vociferantes arruinaron nuestras esperanzas de sorprender algún mamífero bebiendo de sus aguas.
 
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Bisbita

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Buitre leonado

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Lagunilla entre los pinares

En la lagunilla decidimos cambiar la ruta, hacia una zona que parecía más solitaria. Unas palomas en un árbol seco lejano, que inicialmente confundimos con pequeñas rapaces, nos ayudaron a tomar la decisión del cambio de ruta. Enseguida dimos gracias a las palomas: un buitre negro andaba torpemente por el cortafuegos del monte de enfrente. Ampliando el rango de visión, descubrimos en la cumbre del cortafuegos una decena de buitres negros con varios leonados, alimentándose de alguna carroña. Los carroñeros estaban lejos, pero gracias al silencio en el bosque se oían sus bufidos.

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Buitre negro

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Grupo de buitres negros y alguno leonado

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Grupo de buitres negros y alguno leonado


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Buitres negros aterrizando

La actividad se disparó sobre nuestras cabezas, y varios buitres leonados y negros planearon por el valle a pocos metros de nosotros. Avanzamos un rato más por la pista forestal, hasta un recodo que daba entrada a otro nuevo valle. El recodo era vigilado por dos buitres leonados, que a modo de guardianes permanecían impasibles posados sobre un gran pino.

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Buitre negro joven

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Buitre leonado

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Buitre leonado amenazador

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Buitres leonados junto al camino

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Buitres leonados

La ruta prometía, pero había llegado de dar media vuelta para llegar a casa a comer. Unos "ladridos" familiares nos habían acompañado durante parte de este último tramo. En el último vistazo a la espesura de los pinares, tuvimos la fortuna de descubrir al animal "ladrador". La imperial descansaba en una rama de un pino, a media altura, hostigada por varios córvidos inquietos por su presencia. Disfrutamos de su presencia unos minutos, hasta que harta salió tras uno de las cornejas, y se posó lejos de nuestra vista.

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Buitre negro adulto

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Águila Imperial Ibérica

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Grupo de buitres negros

Nos despedimos de los carroñeros del cortafuegos, y de alguno más que descansaba sobre las copas de los pinos. El cielo no llegaba a despejarse, y los grandes buitres esperarían otra jornada, con más corrientes térmicas, para planear grandes distancias en busca de alimento.
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Buitre leonado

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Charco en los pinares

Aceleramos el paso en la vuelta, hecho poco meritorio pues era casi todo cuesta abajo. Tras hora y media entre pinares y encinas llegamos de nuevo al coche, para dar por concluida una más que productiva mañana, en un nuevo enclave que esperamos visitar de nuevo pronto.

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Pinares de la Sierra Oeste

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Pinares de la Sierra Oeste

sábado, 16 de febrero de 2013

Cuenca Alta del Manzanares (Madrid). Febrero, 2013

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D.

Aunque no es un rincón nuevo para nosotros, el hecho de que estos encinares siempre tienen alguna sorpresa novedosa para sus visitantes, nos animó a ir patearlos de nuevo. En esta ocasión me acompañó Javi, que no conocía la zona. La primera parte del camino fue tranquila en cuanto a observación de fauna, debido sobre todo a la intranquilidad sobre la pista, inundada del griterío de algunos ciclistas. La garceta grande fue la encargada de darnos la bienvenida, desde un meandro del río en el que intentaba pescar algo. Algunos ánades reales nadaban plácidamente aguas arriba.

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Garceta grande


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Familia de ánades reales

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Gorrión

Los buitres leonados comenzaron a dejarse ver en los cielos, animados por el calor, inusual para la época del año en la que estábamos.

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Buitres leonados
Más cerca, unos ladridos familiares se dejaron escuchar desde el cielo. Cuando alzamos la vista, nos sorprendió un ejemplar inmaduro de águila imperial. Hasta entonces sólo habíamos visto ejemplares adultos por la zona, por lo cual fue una grata novedad para nosotros. La imperial dibujó varios círculos en el cielo, y la tomó con un buitre leonado, al que obligó a marcharse de la zona. Al poco apareció la progenitora de la imperial, y ambos se marcharon llenando los cielos de su característico sonido.

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Ejemplar inmaduro de águila imperial ibérica

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Buitre leonado e inmaduro de imperial

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Imperial joven hostigando a buitre leonado

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Imperial joven hostigando a buitre leonado

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Imperial joven hostigando a buitre leonado

De sonidos iba el día, y cuando emprendimos la vuelta por la pista forestal, el trompeteo de las grullas sustituyó los de la imperial. Rumbo al norte, dibujando una V casi perfecta, decenas de zancudas abandonaban nuestras dehesas extremeñas tras pasar allí los peores días del invierno.

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Grullas rumbo al norte

En la parte final del camino, una pareja de imperiales adultas vigilaba desde la gran torre de alta tensión todas las escenas que se iban sucediendo entre nubes y jarales, con las cumbres nevadas como telón de fondo. Una pareja de buitres negros entró en escena, y tras dar un par de vueltas sobre nuestras cabezas se perdió en las alturas. El ganado vacuno cercano mientras tanto pastaba impasible al movimiento en las alturas. En los cultivos colindantes, unos nerviosos cernícalos revoloteaban a baja altura de una torreta a otra. Diferentes puntos de vista de un precioso paraje al que nunca nos cansaremos de ir.

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Pareja de imperiales

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Buitre leonado
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Pareja de buitres negros

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Imperiales vigilando su territorio

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Ganado vacuno pastando

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Imperial adulta en vuelo

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Cernícalo vulgar (hembra)