martes, 3 de julio de 2012

Monfragüe (Cáceres). Julio, 2012

NOTA: fotos tomadas con una NIKON D90 con objetivo AF VR Zoom-Nikkor ED 80-400 mm f/4,5-5,6D y una Olympus SP800-UZ.

A pesar de ser uno de los días más calurosos del año y correr la temporada baja, nos animamos a pasar otro día más junto a las orillas de los ríos Tiétar y Tajo. Ya habían pasado muchos años desde la última visita de Yous a Monfra: sus ganas acumuladas eran infinitamente mayores que las incomodidades que nos iba a producir el calor y la reducida movilidad por su lesión.
Río Tiétar a la entrada en Monfragüe
Buitre leonado planeando

Al ser temporada baja y día de diario, había poco movimiento y ruidos perturbadores por tierra, ríos y aire. Por las carreterillas que cruzan el Parque, tan sólo vimos las furgonetas de algunos trabajadores de la presa de Torrejón y algún guiri despistado. Gracias a esta tranquilidad la fauna estaría más confiada que en otras épocas del año.

Nada más entrar por la Portilla, descubrimos en la otra orilla un buitre leonado que se acicalaba el plumaje, tras un refrescante baño matutino. En los riscos los polluelos ya crecidos recibían la pitanza de sus progenitores al son de escandalosos graznidos. Más silenciosos, los activos milanos negros buscaban en las aguas del Tiétar algún pez que llevarse a la boca, con permiso de las también pescadoras las cigüeñas negras.
Buitre leonado acicalando su plumaje tras un baño
Riscos en la Portilla
Cigüeña negra
Buitre leonado
Tiétar desde el mirador de la Higuerilla
Picado de milano negro
Buitres leonados alimentando al polluelo

Buitre leonado aterrizando en la Portilla

Buitres leonados despegando
Cigüeña negra
Río Tiétar
Con el transcurso de la mañana, el sol comenzó a atizar con más fuerza sobre nuestras cabezas. La vida en Monfra se detuvo, y tan sólo algunos valientes buitres se atrevían a manchar un cielo azul que llenaba el horizonte. Fuimos haciendo la ruta habitual, parando en los miradores. En la Tajadilla, pasada la presa, nos llevamos la primera sorpresa de la jornada. Las ciervas pastaban, tranquilamente, entre los bancos del merendero. Ni siquiera nuestra presencia las intranquilizó, y ahí las dejamos cuando reemprendimos la marcha.
Cierva en la Tajadilla
Cierva observante
Casa de peones camineros junto al Tajo
Tras el paso por Villarreal, llegamos al mítico acantilado de Peñafalcón, dónde los buitres ejercían de vigías del paso del Tajo. Las cigüeñas negras, mientras tanto, muy activas, entraban y salían de los farallones. Más abajo, a ras de agua, los milanos oteaban en busca de una carpa o lucio que llevarse al pico. 

Sierra de Peñafalcón
Buitre leonado vigilando el Tajo
Cigüeña negra planeando
Buitre leonado en el Salto del Gitano
Río Tajo
Cigüeña negra aterrizando
Cigüeña negra junto al Tajo
Buitre leonado
Milano negro pescando
Una vez finalizada esta obligada parada en el Salto del Gitano, subimos hacia el viejo Castillo que corona la sierra de las Corchuelas, y desde el que se tienen excelentes vistas de la Sierra de Monfragüe, y de algunos de sus habitantes, pues no es raro que los buitres leonados, alimoches y otros planeen a nuestra altura.
Peñafalcón desde la subida al castillo
De regreso hacia el Tiétar, disfrutamos de uno de los momentos estelares de la excursión. Realizamos una parada en el borde de la carretera para observar  unas garzas reales a orillas del río. Súbitamente, "como un meteoro", una sombra blanca con un ágil picado se dirigió hacia una bandada de aves que planeaba cerca del río. De manera acelerada, se dirigió hacia la ladera del monte, repleta de jaras, encinas y alcornoques. Se posó en un gran árbol, lejos pero a la vista, gracias a lo cual nos dio tiempo de fotografiarla durante unos pocos segundos, ya que posteriormente trepó hacia el espeso follaje, donde la perdimos de vista. Nuestras sospechas de que se trataba de un águila perdicera con su presa se confirmaron al "revelar" las fotos, muy satisfactorias a pesar de la baja calidad.

Águila perdicera con su presa
Águila perdicera trepando por una encina
Garza real
Tras la parada proseguimos hacia la Tajadilla, dónde las ciervas se habían marchado hacia alguna sombra para protegerse del implacable sol. Confíabamos en poder disfrutar de algún alimoche, frecuente en esas peñas. Y no nos defraudó el mirador: pudimos contemplar los planeos del buitre sabio y su aterrizaje, en busca de algo de alimento, en forma de cadáver de un jabalí, cuyo cuerpo yacía cerca del río. Muy cerca, un buitre leonado que ya había dado cuenta de su ración daba unos tragos de agua del poco caudaloso río Tiétar. Unos metros aguas arriba, la presa cortaba el paso del río y disminuía de manera drástica el caudal del río, lo cual permitía ver el ir y venir de las aletas de los peces formando una estela que recordaba a la película "Tiburón".
Alimoche en la Tajadilla
Alimoche sobre el Tiétar
Buitre leonado bebiendo
Milano negro
Peces en el Tiétar
Alimoche comiendo cadáver de jabalí
Garza real junto al Tiétar

Dejando atrás los roquedos y la espesura del monte mediterráneo, fuimos saliendo del Parque entre las dehesas que lo rodean, despedidos por el piar de los abejarucos, y el trote sereno de los venados.

Abejaruco al atardecer

Cierva trotando en la dehesa