martes, 1 de mayo de 2012

Sierra del Suroeste (Madrid). Mayo, 2012

NOTA: fotos tomadas con una Olympus SP800-UZ.

A pesar de que el día no ameneció todo lo soleado que hubiéramos deseado, mantuvimos la decisión de hacer una visitilla a un lugar ya conocido, una zona de extensos pinares a una horita de la capital. Nuestros montes estaban en su mejor momento, plena primavera, y había que aprovecharlo.

Vagamos durante un buen rato por caminos de cabras antes de encontrar el punto de partida pretendido. Ya había pasado mucho desde nuestra última visita, y la memoria comienza a fallarnos. Pero nada se resiste a la pericia al volante de Emi, y finalmente llegamos al punto de partida de la caminata, junto a una represa.

Nos dio la bienvenida a las orillas del riachuelo un trepador azul, cuyo intermitente martilleo sobre el tronco de un viejo pino nos recordó al famoso "pájaro loco". Cuando el pequeño pájaro daba tregua a su pico, un abrumador silencio inundaba el paraje, gran contaste con el ajetreo de la ciudad de la que veníamos.

Encinas y pinos junto a una represa

Iniciamos la marcha por un sendero poco definido, entre roquedos, jaras y pinos. Unos metros más abajo unos pescadores con poco éxito pasaban la nubosa mañana. La caminata discurrió tranquila hasta que el crujido de la rama de un pino delató el despegue de una cigüeña negra. La esquiva ave vino hacia nosotros, y después de comprobar quién entraba en su tranquilo territorio, se perdió tras una loma. Casi simultáneamente comenzó a lloviznar, lo que nos obligó a buscar refugio bajo un peñasco.

Tormenta primaveral en riachuelo de la cuenca del Tiétar

Tras media hora de tormenta que aprovechamos para comer, comenzó a escampar y continuamos el camino. La lluvia caída provocaba un ambiente deslumbrante, fruto del reflejo de los rayos del sol en el manto verde intenso y aún húmedo del mar de pinares que se extendía hasta el horizonte.

Paisaje típico de los pinares del suroeste

A medida que se iba despejando y subía la temperatura, los buitres leonados y algún águila calzada, comenzaron a surcar los cielos.

Águila calzada

Buitre leonado

Buitre leonado

Tras bordear la serranía por la otra ladera, disfrutando del planeo de buitres leonados y alguno negro, llegamos a una zona de pinares más despejada. Era un área de más fácil tránsito, en la falda de la montaña por la que habíamos visto campear en otras visitas a águilas reales y halcones peregrinos.
 
Territorio del águila real

Al poco de llegar a la zona entró en escena en los cielos una nueva ave rapaz, distinta a las anteriores. Tenía un vuelo más poderoso, pero a la vez ágil y acrobático, era un águila real. Con un veloz picado y un frenado espectacular, desplegando sus anchas alas, se posó con suavidad en la copa de un enorme pino en la cima de los riscos. Desde esa atalaya dominaba todo su territorio.

Águila real sobre su posadero

Pudimos apreciar como la reina de las aves clavaba su mirada en nuestra presencia. Tras varios minutos en los que nos observó cuidadosamente y escudriñó sus dominios, la reina de las aves ibéricas emprendió de nuevo el vuelo, y se perdió en las alturas.

Águila real oteando desde un pino piñonero
Silueta del águila real

Imitando a la real, nosotros también emprendimos el "vuelo de vuelta". Fue un inmejorable final para otra jornada más entre riscos y pinos, bajo alas y garras.

Vistas de la subida