domingo, 25 de marzo de 2012

Valle de Iruelas (Ávila). Marzo, 2012

NOTA: fotos tomadas con una una Olympus SP800-UZ.
 
Ya habían pasado más de quince años desde mi descubrimiento del Valle de Iruelas. En todos estos años sólo había vuelto en un par de ocasiones, así que ya había ganas de vlver a disfrutar del vuelo de buitres negros y leonados, imperiales, azores, culebreras y otras muchas aves que habitan la comarca.

El cielo estaba gris y había poco rastro, o más bien ninguno, de alguno de las decenas de buitres negros que anidan en las copas de los enormes pinos. Se ve que a los "monjes" les costaba desperezarse. No habían sido tan perezosos los moteros que inundaban la mañana del valle con el desagradable petardeo de sus quads. Más emocionante fue cruzarse con los ciclistas, que descendían por la pista forestal a tumba abierta, con el peligro añadido de su silencio. Por fortuna no fuimos atropellados y aquí seguimos.

Pinares en el Valle de Iruelas

A pesar de que el panorama pintaba mal, con poca actividad animalada y mucha humana, Bow y yo emprendimos ilusionados la subida rumbo al puerto de Casillas (1.470 m). A medida que avanzaba la subida, los espesos pinares iban dejando paso a zonas despejadas salpicadas por pedruscos y matorrales, aderezados por restos de neveros en algunas umbrías.
 
Bosque mixto en la subida por la garganta del río Iruelas
Fuente entre pinares

Restos de neveros

Justo al culminar la subida al puerto, la vida en los cielos se activó. Buitres negros y leonados comenzaron a surcar los cielos, lanzados como flechas desde las cumbres hacia la ladera sur de la sierra.

Silueta del buitre negro
Buitre leonado

Continuamos el ascenso desde el paso del puerto hacia las crestas más altas de la serranía, entrando en territorio de piornales y dejando atrás los pinares. Una solitaria cigüeña negra hizo acto de aparición entre los buitres, pero pronto marchó hacia zonas más bajas. Mereció la pena la subida, ya que desde la cresta de la sierra disfrutamos excelentes vistas mientras dábamos su merecido a los bocatas. 

Piornales en primer plano, con el Burguillo al fondo

Tras una breve siesta, tocó emprender la vuelta a casa, tras una jornada en la que la fauna del valle nos había sido esquiva. Confiamos en que en nuestra próxima visita, el gran buitre negro venza su timidez y podamos ver su inmensa sombra planeando sobre nuestras cabezas.

Buitre negro