NOTA: fotos tomadas con una cámara compacta + telescopio terrestre 10x45 TASCO.
Llegaba una nueva primavera a la Sierra del Suroeste y con ella un nuevo ciclo de la naturaleza. Las águilas reales que vimos en nuestra última visita estarían incubando en sus inaccesibles nidos, y los ciervos descansando en lo más intrincado del monte esperando una nueva berrea.
Llegaba una nueva primavera a la Sierra del Suroeste y con ella un nuevo ciclo de la naturaleza. Las águilas reales que vimos en nuestra última visita estarían incubando en sus inaccesibles nidos, y los ciervos descansando en lo más intrincado del monte esperando una nueva berrea.
Comenzamos la ruta ascendiendo la suave pendiente de la pista forestal que caminaba entre montañas uniendo valles. A nuestra izquierda el riachuelo se iba haciendo cada vez más pequeño. No pasaron más de tres curvas antes de nuestra primera sorpresa. Una veraneante de lujo en nuestros montes, la tímida cigüeña negra, nos dio su bienvenida. Al contrario que su prima la blanca, la cigüeña negra cría lejos de otros congéneres y en territorios poco transitados por el ser humano. Ella se sorprendió igual o más que nosotros, y sin perder un segundo comenzó a ascender a los cielos describiendo círculos, hasta que finalmente su silueta se hizo diminuta y se esfumó entre las nubes.
| "Pajareros" entre pinares y arroyos |
Tras culminar el serpenteante ascenso llegamos a una zona llana y más despejada. El espacio entre los pinos era mayor, y tan sólo algunas jaras crecían entre ellas. A nuestra derecha se elevaban varios cientos de metros los roquedos, y a nuestra izquierda descendía el monte hasta la cuenca del Alberche.
Aprovechamos una parada para escudriñar con nuestros prismáticos los riscos y las copas de los pinos. Hubo premio y descubrimos un halcón peregrino posado en los riscos recortándose con el cielo azul.
Aprovechamos una parada para escudriñar con nuestros prismáticos los riscos y las copas de los pinos. Hubo premio y descubrimos un halcón peregrino posado en los riscos recortándose con el cielo azul.
| Halcón peregrino en su atalaya |
Una vez hubimos dado su merecido a los bocatas y una corta siesta, dimos media vuelta rumbo al punto de partida. Aún había horario de invierno y el sol se ponía pronto. Llegando al coche, donde en la mañana vimos a la cigüeña negra, se nos cruzó una escurridiza culebra de escalera en el camino.
| Culebra de escalera cruzando el camino |
El ofidio permaneció inmóvil a nuestro paso, imitando una rama seca en el camino. Cuando nos alejamos de ella lo suficiente, culebra y excursionistas, proseguimos la serpenteante marcha hacia el hogar.