NOTA: fotos tomadas con una cámara compacta.
Ya habían pasado más de 10 años desde que Blasfus nos guiara a través de estos montes. Demasiados años como para saber qué nos encontraríamos en una nueva visita la zona, pero esto es parte del encanto de las salidas al campo.
Ya habían pasado más de 10 años desde que Blasfus nos guiara a través de estos montes. Demasiados años como para saber qué nos encontraríamos en una nueva visita la zona, pero esto es parte del encanto de las salidas al campo.
Comenzamos la excursión en las faldas de una montaña que años atrás fue territorio del águila real. Comprobamos que la reina de las aves aún seguía campando por aquellos parajes. Durante un buen tramo nuestros pasos fueron acompañados por el ir y venir de un ejemplar joven de águila real. La joven rapaz, más oscura que las adultas y con manchas blancas bajo las alas, planeaba en paralelo a nosotros acariciando con sus garras las copas de los pinos. Una pena no haber tenido en esos momentos una cámara de fotos en condiciones para inmortalizar los vuelos de la rapaz.
| Ciervo entre pinos y encinas |
Algunos buitres leonados también nos acompañaron a lo largo de la tranquila jornada, aunque a mayor distancia. Así transcurrió el tranquilo día, entre planeos de real y leonados. Justo cuando nos montamos en el coche y abandonábamos el monte, otro de sus habitantes acudió a despedirse. Se trataba de un solitario ciervo, que trotaba tranquilo entre pinos y encinas. Sus cuernas aún redondeadas y estaban recubiertas de pelusilla. En mes y medio, con las primeras lluvias pre-otoñales, las puntas estarían afiladas, sin pelusilla, dispuestas para la berrea.
| Ciervo con las cuernas crecientes para la berrea |
Un rato después nosotros también proseguimos nuestro particular trote hacia a casa, tras una gran jornada y el redescubrimiendo de este excelente paraje.