Habíamos leído noticias y reportajes sobre la abundancia de fauna por la Sierra del Suroeste, pero aún no habíamos ido a comprobarlo por nosotros mismos. Los termómetros marcaban 35ºC a la sombra, pero teníamos ganas acumuladas y decidimos ir a explorar la zona, un poco a ciegas.
Aprovisionados de abundante agua y armados de unos prismáticos, el Moro, Jorge y yo alcanzamos un risco que dominaba la comarca. El camino no había sido fácil, y el Ibiza tuvo que superar grandes pendientes, surcos y baches, pedruscos y ramas, pero al final superó la prueba hasta media ladera. El resto lo culminamos andando bajo un sol abrasador.
Sin apenas recuperar el aliento, nos asomamos a la ladera sur de los riscos, y cual fue nuestra sorpresa cuando descubrimos un nido de buitre negro. Su enorme plataforma, formada por ramas secas, contrastaba con la masa verde conformada por las copas de los pinos resineros.
Pasamos el día en los alrededores de los riscos. La temperatura y el sol no nos aconsejaban movernos mucho. Además, las sombras de los pocos árboles que había nos camuflaban y nos permitireron disfrutar del trasiego de otras aves rapaces, como peregrinos y buitres leonados.
Aquel día quedó marcado para siempre como el día del descubrimiento de "nuestro nido de buitre negro", uno de los hitos principales en mi vida como "pajarero".

